Un Madrid plano, sin chispa y sin carburador. En Lille el equipo de Ancelotti se quedó sin marcar por primera vez esta temporada, por segunda vez en los últimos 51 partidos (la otra, el intrascendente 0-0 contra el Betis en la última jornada de la pasada Liga). Con Mbappé entre algodones, el técnico italiano tampoco pudo contar con Rodrygo, aquejado de unas molestias. Y tampoco estaba el que últimamente ejercía como primer recambio del paulista: un Brahim cuya magia se echa en falta en partidos que, como el del miércoles, se le hacen bola al Madrid.
Un encuentro atascado o encallado de esos que el malagueño acostumbra a resolver o encauzar con alguna genialidad. El partido de Lille recordó de algún modo al de la temporada pasada en Leipzig en la ida de octavos, con un Madrid incapaz de descodificar el partido y en el que Brahim (25 años) salió al rescate con un zurdazo inalcanzable que calmó muchos nervios y sacó del atolladero a su equipo. Un desatascador que la temporada pasada abrió el sendero hacia la victoria en otros partidos: Las Palmas, Braga, Granada o el derbi liguero en el Bernabéu.
Asi el malagueño acorto los plazos y podría estar regresando antes de lo previsto.

